La bodega cooperativa: 100 años

Pinell de Brai, pintoresco pueblo situado en el extremo este de la Terra Alta, posee lo que es considerado como joya puntera de entre todas las bodegas cooperativas catalanas. La construcción de la Catedral del Vi, también bajo planos de Cèsar Martinell, fue llena de dificultades y de obstáculos pero la tenacidad y la energía con la que fue mantenida e impulsada por los socios cooperadores, y el apasionamiento con que era visto y comentado el crecimiento del edificio, demuestra esa manera de ser, entre alocada y vital, propia de la gente de aquellos lugares.

Para más lucimiento, completaron la fachada con un friso interesantísimo de cerámica, obra del pintor Xavier Nogués, que con figuras humorísticas llenas de fina ironía nos recuerda todo el mundo entre íntimo y ritual que las vendimias, las bodegas y el vino tienen para todo catalán arraigado a su país. Con la ambición que pusieron a construir su bodega cooperativa, los de Pinell demostraron su idealismo y crearon una obra de arte para su pueblo y que acrecienta el patrimonio artístico de Cataluña.

Nuestro homenaje a todos aquellos agricultores, familiares y vecinos de Pinell de Brai que a principios del 1900 tuvieron la inquietud de llevar a cabo la bodega cooperativa, una de las obras más insignes del novecentismo en Cataluña. Personas valientes que supieron transformar su trabajo en arte, con una inversión muy alta para aquellos tiempos y que han legado al patrimonio de la humanidad esta maravillosa edificación.

CRONOLOGÍA

1928-1922: construcción de la bodega cooperativa la Catedral del Vi de Pinell de Brai.

1939: explosión y derrumbe de un arco parabólico, reconstruido por Melich

1949: se recupera la cerámica escondida y se coloca a la fachada

1962-1964: se construye una nueva hilera de depósitos en la pared de la fachada derecha

1988: intervención arquitectónica de refuerzo a la sala de máquinas y restauración de las cubiertas

El estilo del edificio se enmarca tradicionalmente dentro del modernismo, pero el hecho de ser una obra con las bendiciones oficiales de la Mancomunidad quizás tendría que englobar el mismo como noucentista. Martinell se consideraba a sí mismo noucentista, pero también discípulo, admirador y seguidor de Gaudí. La bodega está compuesta por tres naves frontales contiguas y dos más situadas transversalmente a la parte posterior del edificio y a diferente nivel. La nave de la izquierda, con dos plantas y cubierta con solapamiento de madera, estaba destinada al molino de aceite. La central y la de la derecha son salas de tinas. Las dos naves están cubiertas con arcos equilibrados de estructura parabólica. En la parte posterior encontramos la zona de elaboración, de una gran altura y cubierta también con solapas de madera. El interior de la bodega se muestra como un gran espacio, dividido transversalmente por los arcos parabólicos que soportan la cubierta. Estos arcos, de grandes proporciones presentan los enjutos socavones, lo que aumenta la sensación de ligereza y luminosidad del edificio. El espacio fluye hasta la sala de elaboración, a partir de unos grandes celos de ladrillo que agujerea el muro divisorio. La fachada principal muestra claramente las tres naves que componen la bodega. En la parte superior, un conjunto de aperturas hechas con obra de ladrillo, da como resultado unos magnífica celosía. Corona cada una de las naves una potente cornisa decorada en la parte superior con cerámica vidriada de color verde. Un zócalo alto de una masonería cuidadosamente trabajada presenta, en la parte baja, las aperturas de ventilación y también integra las monumentales puertas de entrada, situadas en el centro de cada una de las naves que son de piedra abujardada. Coronando el zócalo, recorriendo toda la fachada principal a lo largo de más de 40 metros, encontramos el friso cerámico pintado por Xavier Nogués que representa, con caricaturas, los trabajos de recolección y elaboración del vino y del aceite. La colaboración de este artista aportó nuevos elementos que dan a este proyecto un valor especial dentro de las obras de Cèsar Martinell.

Cèsar Martinell i Brunet constituyó uno de los últimos testigos de una de las épocas más relevantes en Cataluña: el Novecentismo. Su tarea cultural, tanto en el campo de la arquitectura como en el de la historiografía, es un exponente vivo de todo un empujón colectivo que dio unos frutos de los que todavía somos herederos. Martinell representa un puente de transmisión intelectual entre la segunda generación de maestros del Renacimiento catalán (Antoni Gaudí, Lluís Domènech y Montaner, Puig y Cadafalch, etc.) y la generación de la posguerra. A través de su producción arquitectónica y la literaria podemos salvar la distancia cultural entre las postrimerías del siglo XIX y casi dos tercios del siglo XX, y entender el mensaje y la evolución de momentos históricos – políticos, sociales y culturales- muy diversos. Personaje polifacético como muchos de sus contemporáneos, Martinell desarrolló una intensa tarea como arquitecto y como investigador, divulgador y cronista del arte de épocas pasadas y de su tiempo. Eugeni de Ors encontró un colaborador excelente en aquel camino de culturización que emprendió la Mancomunidad de Cataluña. Cèsar Martinell y Brunet nació en Valls, en el Camp de Tarragona, el día 24 de diciembre de 1888. Era el año en qué Barcelona celebraba, satisfecha, la Exposición Universal. El Camp de Tarragona ha sido una comarca prolífica en figuras destacadas de la arquitectura y de las artes: nacieron, el mismo siglo XIX, Antoni Gaudí, Francesc Berenguer, Joan Rubió y Bellver y Josep Maria Jujol, todos ellos arquitectos que dieron a la posteridad numerosas obras que han sido admiradas y reconocidas. Hijos de Valls eran del escultor Anselm Nogués y los pintores Galofre Oller y Jaume Mercadé, el novelista Narciso Oller; el historiador Indalecio Castells, que inició a Cèsar Martinell en el campo de la historiografía, el fotógrafo Pedro Catalán Pico y, ya en el siglo XX, el también fotógrafo Francisco Català Roca … También, en Valls, nacieron excelentes artífices de la arquitectura y la escultura barrocas de los siglos XVII y XVIII: Fray Josep de la Concepción y Lluís Bonifàs y Massó, a los cuales Martinell dedicó tiempos para estudiar y dar a conocer su producción artística. Martinell provenía, por parte de padre, de una familia de tintoreros, y por parte de madre, de maestras de obra que, según él, sería determinante de su vocación hacia la arquitectura. El 1906 llegó a Barcelona para iniciar los estudios universitarios. En la Escuela de Arquitectura recibió las lecciones de Lluís Domènech y Montaner y de Augusto Font y Carreras, entre otros, y a la Escuela de Arte de Francesc de A. Galí aprendió a dibujar junto a Joan Miró, Manuel Humbert y Jaume Mercadé.   Cuando ya estaba a punto de licenciarse, Martinell entró a trabajar en el despacho de Joan Rubió y, a la vez, a formar parte del círculo de arquitectos que rodeaban a Gaudí, que apenas iniciaba el retiro a la Sagrada Familia. De la relación con el maestro nacería, por un lado, una manera especial de entender y proyectar la arquitectura y, por la otra, una de las vías de investigación que cultivó con profundidad, el “gaudinisme”. El 1916 acabó la carrera. En su ejercicio de reválida desarrolló un tema sobre un Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes que, por su carácter público, necesariamente tenía que ser monumental. Es el estilo que podríamos denominar “Escuela de Arquitectura de Barcelona”, el que año tras año se exigía a los estudiantes, con planteamientos conceptuales y de organización espacial y funcional similares a los de la Universidad Literaria de Elías Rogent, que ya hacía más de cincuenta años que se había construido, o el Palacio de Justicia de Enric Sagnier, que ya hacía veinticinco, y más todavía, el proyecto de edificio destinado a las instituciones provinciales de Instrucción Pública, que habían redactado los arquitectos Lluís Domènech y Montaner y Josep Vilaseca en 1877. Así mismo, los proyectos finales de carrera de Rubió y Bellver y Rafael Masó, corrían por caminos paralelos. La diversidad de enseñanzas e influencias que recibió Martinell (por un lado de los maestros relacionados con el Modernismo, y por la otra los que ya hacían filas en el incipiente novecentismo) fue decisiva para la formación de su personalidad que, a la fuerza tenía que ser polifacética. Tenía que marcar, para decirlo de alguna manera, esta actitud compartida de universalidad, de excentriquísimo en el sentido de escapar de la pobreza de la especialización en un solo tema. Y tenía que producir obras que se convirtieron en un puente, una transición, en la cual se conjugan varias estéticas. En la variedad de los tipos arquitectónicos proyectados por Martinell quedará plasmada esta diversidad estética. Mientras que la arquitectura agraria revela, al principio, la influencia directa de los dos grandes arquitectos modernistas catalanes: Gaudí-en cuanto a las soluciones espaciales y Domènech en cuanto a las formas y materiales, la arquitectura pública se impregnará los valores noucentistas (clasicismo y simplicidad de líneas), y la arquitectura doméstica manifestará la influencia de los sucesivos estilos de moda: Monumentalismo, un cierto racionalismo… Por otro lado, su producción en el campo de la arquitectura religiosa y en las obras de restauración, se enmarca dentro de la cual algunos autores han denominado escuela conservadora, que tuvo en el arquitecto Josep Puig y Cadafalch uno de los teóricos más representativos

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Xavier Nogués: pintor, grabador y dibujante catalán, es uno de los artistas más representativos del novecentismo inspirado en la tradición del arte popular catalán. Inició su trayectoria con ilustraciones satíricas para varias publicaciones. Desde 1909 se dedicó también al grabado e ilustró obras como “La ben plantada”, de Eugeni de Ors, “Catalunya pintoresca”,”L’abecedari catalá i el Bestiari”, de P. Quart. Entre 1904 y 1940 pintó unos 65 oleos, generalmente de medida pequeña, de temática popular y de estilo *naif. Realizó también los murales de la bodega de las Galeries Laietanes, de la casa de Plandiura (la Garriga) y del sindicato agrícola del Pinell de Brai.

El bosque de arcadas y contra arcadas de su interior es ciertamente un bello espectáculo arquitectónico.

Jaume Ciurana

Hermanos López Gilabert

Desde el año 2014, los hermanos Joaquim y Fran López son los encargados de la explotación turística y bodeguera del edificio, organizando visitas guiadas, catas de vino y aceite y producción de vinos y aceites de la bodega Pagos de Híbera.